NOTICIAS / Acciones Misioneras y Pastorales

8 de Octubre de 2020

El valor de acompañar, hoy más que nunca


En Chos Malal hay muchas familias que vivían alejadas y para las que el COVID profundizó el aislamiento. La comunidad misionera salesiana acompaña su día a día.

La Patagonia argentina, reconocida por sus paisajes y sus propuestas turísticas, es también donde viven muchas familias atravesadas por vulnerabilidades de todo tipo. Como en Chos Malal y parajes rurales aledaños, donde las condiciones precarias implican, por ejemplo, no tener acceso a la red de gas. Deben utilizar leña, con las dificultades que conlleva conseguirla, principalmente en invierno. El clima es precisamente un gran escollo para estas poblaciones (en invierno las temperaturas bajas son extremas, con abundante nevada).

Sin embargo, tal vez la principal dificultad con la que conviven estas familias es el aislamiento. Si antes del COVID-19 ya existía esta problemática, desde que comenzó la pandemia se profundizó a raíz de las medidas sanitarias dispuestas por el Gobierno nacional y los provinciales. Por eso es que gran parte gran parte de la tarea de los misioneros como P. Honorio y P. Fernando radica en estar presentes y acompañar el día a día, reduciendo de ese modo la soledad en que viven muchas personas.

La comunidad misionera salesiana visita a las familias, comparten momentos cotidianos y celebraciones eucarísticas, participan en celebraciones locales del pueblo mapuche. Esta compañía se da de manera presencial o con la ayuda de otros medios como la radio. A través de la misma, en este tiempo en que el aislamiento obligatorio fue aún mayor pudieron hacerse presentes de alguna manera en los parajes más alejados. Lo cual no es menor dado el contexto: “La gente tiene mucho miedo al virus”, cuenta el P. Honorio.

Las familias de estos parajes además viven con lo justo gracias a la crianza de animales, para lo cual en verano (época de “veranada”) deben desplazarse a la alta cordillera. Es allí donde se percibe aún mayor precariedad: “Los ranchitos son de tabla cortada con hacha, con algunas chapas de cartón. Ahí adentro duermen y cocinan y aguantan si viene un temporal”, describe el P. Fernando.

Sin embargo, entre todos buscan la forma de sostenerse mutuamente, en el plano económico como espiritual. Como cuenta el P. Fernando: “Hay una capilla antigua de madera que con el tiempo se fue derrumbando. La comunidad viene esforzándose para reconstruirla”. Pese a las dificultades diarias, profundizadas por la pandemia, siempre hay cosas para compartir en comunidad. A veces parecen detalles, pero son los que pueden cambiar la vida. Los misioneros salesianos, desde hace muchos años, siguen regando el encuentro fraterno.


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